¡Quiero empezar a correr!

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¡Quiero empezar a correr! Ésta ha sido una de las reacciones que me he encontrado más a menudo a raíz de la creación de runningfreeweb.com: Correr para Contar. No os voy a engañar, hablamos de los amigos que uno tiene en las redes sociales habidas y por haber (amigos a los cuales has spameado para dar a conocer tu nuevo blogg), que te reconocen el mérito de lo que estás haciendo y te comentan: ¡yo también quiero empezar a correr! ¿Qué tengo que hacer? ¿Dónde encuentro la fuerza de voluntad para salir a entrenar? ¿Me calzo las zapatillas y punto? ¿Hay algún milagro que te haga correr maratones? Vayamos por partes. Para todos aquellos que me habéis preguntado de una u otra manera, os dejo cuál es mi punto de vista y mis experiencias sobre este mundo del running.

En primer lugar, debemos encontrar un porqué, un motivo por el cual vas a dedicar un tiempo de tu vida al ejercicio, a salir a correr haga el tiempo que haga. En mi caso fue el deseo de un cambio. Demasiada nicotina, malos hábitos alimenticios, desmotivación… Leí, oí, pensé que correr me ayudaría a dar ese impulso a mi vida, y así comencé. Poco a poco, sin prisas. Me calcé mis zapatillas de running, puesto que de forma intempestiva salía a correr muy de tanto en tanto, y realicé un entreno de 5km a un ritmo más que lento. Esa semana repetí dos veces más distancias de 5km. ¿Primeras sensaciones? Satisfactorias: había aguantado una semana entera sin fumar, me sentía bien y andaba mejor de ánimos. Por otro lado, tenía unas agujetas terribles y empezaban a dolerme rodillas y tobillos.

La agujetas y el dolor articular son lógicos y particulares de la vida del corredor. ¿Cómo los evitamos? En primer lugar, debemos calentar bien los músculos de todo el cuerpo. Debemos estirar y estos estiramientos deben de ser dinámicos o activos. ¿Qué quiero decir? Correr unos minutos a ritmo muy suave. Correr levantando las piernas hacia delante (intentando que nuestra rodilla toque el pecho de forma alterna) y hacia atrás (que nuestro talón toque los glúteos). Mover los tobillos de forma circular y alterna, para que los tobillos se calienten también. Y calentar hombros, brazos y lumbares, puesto que estas partes del cuerpo también entran en juego cuando nos disponemos a correr. Por otro lado, cuando hemos terminado nuestra rutina debemos realizar estiramientos para que la musculatura vuelva a su lugar. Con ambas sesiones de estiramientos, la del ‘antes’ y la del ‘después’, evitaremos esa sensación de dolor y lo más importante las temidas lesiones.

 

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Otro elemento importante es el tipo de calzado que utilizaremos. No vale cualquier tipo de zapatillas. Necesitamos unas zapatillas de running que se adapten a nuestras necesidades. Debemos pensar en nuestro peso, el terreno por donde vamos a correr y cuál va a ser nuestro ritmo de entrenamiento. La amortiguación de las zapatillas nos ayudará a que las articulaciones se carguen menos y a que corramos más cómodos. En mi caso particular, para el asfalto soy super fan de Mizuno, puesto que ofrece amortiguación y ligereza, cosa que se traduce en más velocidad. Para montaña, La Sportiva ‘Ultra Raptor’, encajan como un guante y tienen un agarre óptimo. Pienso que una buena zapatilla es fundamental y nuestras necesidades antes mencionadas nos harán escoger una marca y un modelo, además de un precio. Por otro lado, la ropa que llevemos también beneficiará nuestro rendimiento en carrera y, sobretodo, nuestra comodidad, evitando así rozaduras. Yo opto siempre por prendas compresivas.

Hasta aquí en cuanto a lo que se refiere a primeras impresiones y ‘estilismo’. Una vez nos habituemos a salir a correr, nosotros mismos seremos nuestros mejores consejeros y sabremos qué nos conviene, qué nos gusta y qué nos es cómodo.

Además de lo hasta ahora dicho, hay muchos otros elementos que están ligados de forma implícita o explícita al running. Pa mí los más importantes son la alimentación, la prevención y la motivación.

En cuanto a la alimentación, debemos ser conscientes que nuestro cuerpo es una máquina perfecta y como tal debemos darle lo mejor para que su rendimiento sea óptimo. Por tanto, deberíamos evitar antes de salir a correr alimentos que sean demasiado grasos, azúcares y alcohol (aunque esto es algo que todos sabemos y que deberíamos evitar salgamos o no a correr) y aportar carbohidratos (fuente de energía) y líquidos a la maquinaria.

En relación a la prevención, yo personalmente soy muy tiquismiquis y tengo muy interiorizada la frase de “más vale prevenir que curar”. Con esta premisa en la cabeza, antes de salir a entrenar, mientras me visto, me aplico Radiosalil en rodillas y tobillos. Gracias a su efecto calor, el músculo se calienta antes y mejor, evitando así posibles lesiones. Del mismo modo, terminada la carrera o entreno, en la ducha me aplico agua fría en las piernas y más tarde Fisiocrem, para que las zonas más castigadas (rodillas y tobillos) se desinflamen. El hielo también es una de mis opciones si noto alguna zona fatigada en exceso o algún leve pinchazo. Para finalizar, antes de ir a dormir me hago un leve masaje en las piernas (normalmente con una pelota de tenis) para que los músculos se descontracturen y me aplico alguna crema antifatiga.

Por otro lado, pasado el punto de emoción inicial que tenemos al comenzar a correr, estar motivado es muy importante. Hay que tener una meta muy clara y un fuerte espíritu de superación. No vamos a ganar el Maratón de Berlín (o sí, ¿quién sabe?), pero los pequeños grandes triunfos que vayamos consiguiendo serán los que nos animen a salir a entrenar en las oscuras tardes de invierno o en aquellos días de cervecita y terraza.

Hay miles de planes de entrenamiento, miles de opiniones y miles de consejos… Cada maestrillo tiene su librillo, que suelen decir… En todo caso, hasta aquí los pensamientos, trucos e ilusiones que me motivan cada tarde a calzarme las zapatillas y merendarme unos kilómetros, a correr lo más rápido posible y a contar mis experiencias para todos aquellos que quieran compartirlas.