Primera tirada de 30km

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Estoy en la segunda semana de preparación exclusiva de la Zurich Marató de Barcelona. En realidad llevo preparándome desde el marzo de 2016, corriendo y corriendo, superándome a mi mismo en cada momento y en cada lugar. Esta semana quería dar más: primera tirada de 30 km. Y creo que no será la última antes del día 12 de marzo.E incluso llegaré un poco más allá: la cuestión es ir probando sensaciones.

Pero vayamos por partes. Esta segunda semana comenzaba dentro de mi planificación marcada para la ZMB: gym el lunes, para estirar después de la tirada de 21km del domingo pasado, martes 10km a ritmo de competición, dándolo todo a 4′ 33” x 1000 y el jueves 15km en una de mis rutas favoritas por la ciudad de Barcelona, que un día de estos os tengo que contar por aquí. Así, llegábamos al domingo, con muchas ganas de hacer 30km, pero un poco cansado por el ritmo de la semana entre el trabajo y los entrenamientos. Aún así, no lo he dudado: hoy tenían que caer los 30 km fueran al ritmo que fueran. Ya habrá tiempo para mejorar timming.

He salido a la hora de los señores, sin madrugar demasiado, aunque no demasiado tarde. A las 10:30 a.m. más o menos salía a correr. He hecho la misma ruta de la semana pasada, aprovechando los primeros kilómetros en bajada para tomármelo con más calma, teniendo en cuenta que hoy iba a correr 9 km más. Las sensaciones han sido bastante buenas: he ido a un ritmo bajo, al trote en todo momento marcando ritmos que oscilaban los 5′ 30”, y un pelín por encima en algún kilómetro, durante los primeros diez kilómetros. En los siguientes diez he ido marcando ritmos superiores, aunque sin llegar a los 6′ x 1000 en ningún momento. Pese a ello, he empezado a desinflarme un poco a partir del kilómetro 20. A partir de ese momento, he empezado a marcar ritmos cercanos a los seis minutos y pico, llegando a hacer el kilómetro 29 a 7′ 24”. Me sentía agotado desde hacía rato, aunque mi voluntad me ha hecho continuar en todo momento. Tenía que llegar.

 

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Con todo, he disfrutado luchando contra la distancia, pero veo que me falta resistencia. He sido pertinaz con mi propósito, pero me ha costado lo mío. Aunque me llevo un buen recuerdo. El mejor ha sido, en el paseo marítimo de Badalona, dirección a las torres de Sant Adrià, cuando me he cruzado con la triatlón. En ese momento, uno de los participantes salía del agua y empezaba a correr justo cuando yo pasaba: nos hemos mirado y aplaudido el uno al otro. Ambos teníamos el rostro desencajado por el cansancio, pero eso, a mí al menos, me ha servido para terminar los más de cinco kilómetros que me quedaban. Gracias a vuestros ánimos, nuestras piernas vuelan. Los 42.195m están cerquita cerquita.