Tercera semana

lluvia

 

Me quedan un mínimo de doce semanas de entrenamientos de calidad. ¡Lo sé! Pero eso no me impide que estos días piense que esta última semana no he terminado de  cumplir. Entendámonos. Las circunstancias han hecho que esta semana no haya podido entrenar como me lo había propuesto. Me explico. Partíamos de la semana anterior, con una tirada de treinta kilómetros realizada el domingo. Las sensaciones, como contaba en el post anterior, habían sido buenas. No llegué al kilómetro treinta excesivamente cansado y el lunes me las prometía muy feliz, puesto que no tenía muchas de las temidas ‘agujetas’. La sesión del lunes fue más bien de estiramientos y descanso tras el trabajo. El martes con algún leve pinchazito salí a trotar cinco kilómetros con cinco series de 100 metros. Bien, las sensaciones fueron correctas. El miércoles día de descanso. El jueves, normalmente, salgo a hacer una tirada más o menos larga de quince kilómetros. Aún así, como notaba que esos pinchazitos persistían, descansé pensando en estar al 100 por 100 el domingo, día en que me iba a enfrentar a la Mitja Marató de la Ciutat de Tarragona. Viernes, algo de piscina y poca cosa más. Mi idea era estar a tope para el domingo. El sábado, ya en Tarragona, un buen paseo por la ciudad, visitando sus ruinas romanas con mi amada Inés y a descansar relativamente pronto.

¡Rayos y truenos! Nunca mejor dicho. Las condiciones meteorológicas truncaban mi sueño y el de 2000 corredores más. A las siete de la mañana llovía como si no hubiera cielo: éste se fundía con el mar de Salou, lugar en donde me alojaba. Un breve descanso me hizo persistir en el intento y desplazarme hasta Tarragona, para ver que había sido tan solo una breve pausa para volver con mucha fuerza. Bueno, no pasa nada. El fin de semana quedaba más que salvado con el paseo por Tarraco.

De todo esto, me sorprende una cosa. Por muy obsesionados que estamos los corredores con las carreras populares (o al menos eso dicen algunos) fuimos los corredores (entre los que me cuento) los que decidimos, mucho antes de las diez de la mañana (hora en que se celebraba la carrera), abandonar el lugar. ¡Era imposible correr! Tal vez con una piragua hubiera sido otra cosa. Ya no solo por la lluvia, sino por el estado de las calles, anegadas de agua. Aún así, la organización afirmaba a las 9:30 h aproximadamente que la carrera se iba a celebrar. ¡Y seguro que más de uno la hubiera corrido! Pero, en fin… Menos mal que acabó cancelándose. Esperemos que los señores organizadores propongan otra fecha lo antes posible, para que podamos marcar nuestros calendarios.

Sueño truncado. Sueño pospuesto. Al final, para compensar el día y la semana, el tiempo me compensó con diez kilómetros por la tarde. En resumen, una semana en la que no me siento del todo satisfecho. Quería estar a tope para la Media, pero me quedé sin correr. Mal sabor de boca. Pero me quedan aún muchos días para preparar la ZMB. Como decíamos ayer amor, las penas contigo son más llevaderas.