ZURICH MARATÓ DE BARCELONA

maraton-barcelona-2017-cartel

 

Un maratón es algo emocionante, algo que se vive intensamente ya no solo desde el inicio, sino desde su misma preparación. Un maratón es sinónimo de sacrificio, de constancia, de fuerza. Un maratón es lo más grande. Solo aquellos que se han visto involucrados en uno saben de lo que hablo. Y tanto da si has sido el primero o el último, correr esos 195 metros que te llevan a la meta son la mejor recompensa a todos los esfuerzos realizados.

Para mí, la ZMB ha sido un romance de un año. Una relación de amor y odio, de ir mimándola, de ver que no llegaba, de pensar que estaba hecho, de verla lejos… Todo empezó con una idea que me rondaba en la cabeza desde hacía tiempo: cambiar de hábitos, dejar de fumar, volcarme en algo que me hiciera mejorar día tras día. Así pues, #YoElegíCorrer. Ya era corredor, aunque intempestivo. Ahora, tocaba ser constante. La idea de la Maratón surgió como quien no quiere la cosa, como un deseo que se veía en un primer instante inalcanzable, pero que poco a poco parecía posible. Había evolucionado como corredor, llevaba algunas carreras en mis piernas y tras un verano corriendo casi cada día pensé que podía hacerse. Y me inscribí: no tenía nada que perder y mucho que ganar.

 

IMG_5654[1]

 

Así afronté mis últimos meses, ¡COMENZABA LA AVENTURA! Planifiqué la semana con entrenamientos variados, gimnasio y tiradas largas, que en ocasiones eran competiciones de 1/2 maratón o carreras de montaña. Poco a poco y superándome a mí mismo llegaba a un punto óptimo en el que la ZMB era factible. Pero bueno, tenéis toda mi evolución en este blogg. Vamos a la carrera, que es lo que importa.

Antes de las 8:00 de la mañana, llegaba a la Avenida María Cristina. No había mucha prisa, la carrera comenzaba a las 8:30 y yo salía del último cajón. Comencé a calentar delante del edificio Mies Van Der Rohe y tuve una especie de revelación: hacía casi un año, me encontraba en la misma situación, calentando en el mismo lugar antes de la Salomon City Trail, primera carrera que iba a realizar en esta nueva aventura vital. Era un buen augurio, parecía que se cerraba un ciclo, que el inicio se unía con el fin. Remoloneando, sin prisa, me fui colocando en el cajón de salida. Los primeros ya habían comenzado a correr. Cabía esperar nuestro turno.

 

Maraton BCN timing

 

Nada más comenzar a correr, cuando crucé las dos torres venecianas de plaza España, me embargó una emoción indescriptible. Estaba comenzando la Zurich Marató de Barcelona y eso ya era un gran logro. Los primeros kilómetros fueron muy cómodos, me había propuesto un ritmo parecido al de la Maratest y estaba cumpliéndolo de sobras. Mis primeros 10km estaban por debajo de la hora. Había pasado Carretera de Sants y el primer edificio emblemático, el Camp Nou. Seguían pasando los kilómetros y la Diagonal y Gran Vía se presentaban delante mío como unas viejas conocidas de carreras anteriores. Terreno fácil, en bajada: seguía marcando mi propio ritmo. Las liebres de 4 horas estaban delante mío durante todo este tiempo. A partir de aquí venían las emociones y lo sabía. Pasado el kilómetro 16 mi buen amigo Alf me estaba esperando para correr unos metros conmigo y darme sus ánimos y su fuerza: “Tío, adelante, tú puedes joder. No me podía perder esta historia. Llevas un año preparándote. Adelante”. La verdad es que un amigo a tu lado y sus palabras en el oído dan fuerzas para afrontar lo que sea. Dejaba atrás la Sagrada Familia con fuerza y esperando ver a la mujer de mi vida en la Meridiana en el km 21. Empuje de adrenalina a tope (ya os podéis imaginar por la foto, ¿no? Gracias Gonzalo por ser tan oportuno). La media maratón estaba hecha y en menos de 2h. ¿Podría alcanzar la maratón en 4h?

 

IMG_5651[1]

 

A partir de aquí comenzaba otra carrera. Debía correr con más cabeza y regular fuerzas. Hasta ahora la carrera me había salido a pedir de boca. La política de geles funcionaba a la perfección: uno cada 5 km aproximadamente. ¡Reservas de glucógeno a topete!

Volvíamos a la Gran Vía bajando por Bac de Roda y allí estaban mis amigos Santi y Sandra. Santi, qué casualidad que sonara “Hotter than Hell” de los KISS justo cuando iba a pasar por donde tú estabas. Era un augurio de que todo iba a ir más que bien. Hasta ahora seguía a buen ritmo, en todos los parciales de 5 km llevaba un balance que estaba por debajo de los 29 minutos. Pero llegaba la odiada Diagonal Mar, una subida con su bajada que resultan interminables (ya me pasó lo mismo en la 1/2). Allí bajé un par de minutos mi parcial. Como anécdota, contar que me encontré con mi amigo Jose María del Art Guinardó: entre 20.000 personas vas y te encuentras a un colega. ¡Pa flipar! Estuvimos dándole un rato juntos hasta casi el giro que te conducía al cambio de sentido, allí cada uno volvió a lo suyo y a pensar en su carrera. Que es lo que tocaba. Porque a partir de este momento lo que quedaba de Maratón era más de cabeza que de piernas.

Los siguientes 5 kilómetros, hasta el km 35, comenzaron a pesar. Ya había superado mi límite y por tanto ya había triunfado y me estaba superando a mí mismo. Sabía que estos kilómetros iban a costar y necesitaba la ayuda de los míos. Y también sabía que no me iban a fallar. Y allí estaban, ya pasados los 36 km bajo el Arco de Triunfo. Vitoreándome. Dándome el último empujón que me quedaba para terminar mi proeza. Había bajado de ritmo considerablemente, comenzaba a rozar parciales de 6 minutos el mil. Pero no importaba en absoluto. Sabía que iba a terminarla. Plaza Catalunya, Portal del Ángel, La Catedral y las “rampas”…

 

IMG_5653[1]

 

Vía Layetana se me presentaba como agua de mayo. Bajada, ritmo relajado, aunque mis piernas ya decía basta y manifestaban su contrariedad propinándome alguna que otra rampa cada ciertos metros. Paseo Colón, más rampas y panoramas que no quiero describir: ciertamente un maratón es un esfuerzo sobrehumano. Km 40, ya queda menos, aunque una Avenida Paralelo se interponía entre la meta y yo (una reflexión, ¿no habría otra ruta para terminar la Maratón que no fuera el Paralelo?). Sufrimiento. Constancia. Fuerza. Pasión. Tenacidad. Y mucho Corazón. Iba a cruzar la meta sí o sí. Km 42, está hecho.

195 metros de nada me separaban de la gloria. Y entonces las emociones ganaron al corredor, los gritos del público, mi gente llamándome: ¡Jordi! ¡Jordi! Y el cruzar la meta. Las lágrimas. No puedo describirlo. Incluso escribiendo estas líneas se me enturbian los ojos. Pienso que ha sido una de las experiencias más emocionantes de mi vida. Al final 4 horas, 26 minutos, 17 segundos, con todas sus letras. Un logro, para mí y para los míos.

 

marato bcn

 

¿Y ahora qué? Ahora a seguir, a mejorar, porque este es el inicio de una gran historia. Zurich Marató de Barcelona el pulso fue intenso, pero lo conseguí.

 

IMG_5643[1]