CÓMO LIMPIAR LAS ZAPATILLAS

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Tras estas últimas lluvias primaverales, ya se sabe “en abril aguas mil”, seguro que habremos regresado algún que otro día de nuestros entrenamientos empapados y con las zapatillas llenas de barro. Sin lugar a dudas, nos sentimos orgullosos tras tan buen entreno. Ya sabemos todos los que nos dedicamos a esto del correr, que resulta épico luchar contra viento y marea mientras realizamos lo que más nos gusta. Aún así, también amamos a nuestras “niñas” y no nos gusta que nuestras superzapatillas último modelo hayan perdido su lustre. Fácil solución, metamos toda la ropa sucia y mojada junto con nuestras zapatillas en la lavadora y listos.

 

¡CRASO ERROR!

 

Sabemos (o deberíamos saberlo) que los materiales de los que están hechas nuestras zapatillas, no tienen lugar en la lavadora. Las propiedades de éstas perderán eficacia y es más que probable que les restemos durabilidad en el tiempo.

 

¿ENTONCES CÓMO LIMPIAMOS NUESTRAS ZAPATILLAS?

 

La mejor manera es dejarlas en remojo con agua templada y jabón neutro en un barreño durante un buen rato. De este modo, ya habremos empezado con la primera fase del lavado y la suciedad empezará a desincrustarse. Pasado un tiempo, que bien puede ser media hora, frotamos con un cepillo suave las zapatillas. No es aconsejable utilizar un cepillo de cerdas duras (ya sean éstas de esparto o sintéticas), puesto que pueden deshilachar el upper. Una vez las hemos dejado bien limpias, las aclaramos con agua abundante y las dejamos secar. No debemos colocarlas jamás ni junto a una estufa o radiador, o al sol, ya que el calor podría deformarlas e incluso despegar alguna parte. Debemos dejarlas en algún lugar aireado y con sombra. También podemos utilizar papel secante (papel de periódico, por ejemplo) para que absorba la humedad.

 

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Una vez estén secas, ya estarán preparadas para volver a devorar kilómetros, pero ahora limpias como el primer día.

 

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