cómo proteger la rodilla

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La articulación de la rodilla es una de las zonas que más sufre cuando corremos. Aquellos que nos dedicamos a este arte del correr lo sabemos y lo padecemos diariamente. Buscamos mil y un remedios para paliar este dolor, que si cremas, que si analgésicos, que si ungüentos… Aunque, tal vez, la mejor solución seria evitar en la medida de lo posible que ese dolor aparezca. Voy a intentar explicarme mejor y, sobretodo, explicarme basándome en mi propia experiencia al correr. Claro está, lo que a uno le funciona puede que a otro no le sirva para nada, pero en todo caso de todo siempre podemos aprovechar alguna cosa.

Sobre el tema de la “rodilla del corredor” (o condropatía rotuliana) podemos encontrar muchísima información por internet. Podríamos intentar resumir todo lo que hallemos, pero no es la intención de esta entrada. A parte de que no soy médico ni nada por el estilo y, como acabo de decir, la siguiente entrada trata de sensaciones.

Me he dado cuenta de que a mí personalmente los dolores de rodilla me aparecen debido a dos motivos. El primero, claro está, en cuanto abuso de las distancias y de los entrenamientos. El segundo, en cuanto me mantengo durante demasiado tiempo en la misma superficie. De ahí deduje que el hecho de estar corriendo siempre de la misma forma, es decir, con la misma superficie bajo los pies provocaba que estuviera utilizando mis piernas, mis músculos y, sobretodo, mis rodillas de la misma manera. He aquí que para mejorar la propiocepción decidí combinar las superficies en mis entrenos: días de asfalto, tierra, playa y terreno técnico de montaña.

Si tratamos las superficies, en cuanto al asfalto y a las pistas de tierra no hay mucho problema. No forzamos más de lo debido la rodilla, por tanto si sufrimos de dolor, podemos utilizar la cinta rotuliana de forma puntual. Cuando corremos por la playa, como ya dije en su momento, lo suyo es correr poco y a ritmos bajos. El problema se me plantea en la montaña y en sus momentos más técnicos. Muchos coincidiréis conmigo que cuando corremos por el monte el problema lo tenemos en las bajadas, no en las subidas. Cuando estamos en una cuesta nuestras rodillas no sufren prácticamente, los que sufrimos somos nosotros. Al hilo, cuanto más técnica sea dicha bajada más sufre nuestra rodilla, por el mero hecho que debe adaptarse de manera forzada al terreno desigual que estamos pisando, zancada a zancada. Por tanto, una buena manera de evitar que la rodilla sufra y evite los movimientos de adaptación del terreno es una buena rodillera. En mi caso, he notado una gran diferencia desde que corro por la montaña llevando rodilleras: menor dolor articular, más contundencia en la zancada y mejor feedback con el terreno pisado.

En todo caso, hay muchos tipos de rodilleras: las básicas, que tratan de recubrir con mayor o menor fuerza la rodilla, limitando lo mínimo el movimiento natural de la rodilla, pero manteniéndola como decíamos firme; las que llevan flejes laterales flexibles, que cuentan con unas barras laterales flexibles (o incluso articuladas) generalmente de aluminio o plástico, que limitan mucho más las aperturas laterales de la rodilla; y las órtesis, muy rígidas pudiendo limitar la flexión o extensión de la rodilla, limitando completamente los movimientos laterales de ésta. En mi caso, utilizo rodilleras básicas compresivas, puesto que me van al pelo para lo que contaba más arriba.

Sin más, obviamente si tenemos dolores de rodilla prolongados debemos ir a un especialista y debe de ser éste quien nos recomiende si debemos usar rodillera, qué tipo de rodillera debemos usar y por cuánto tiempo. Además debemos tener en cuenta que el uso prolongado de las rodilleras puede restar fuerza o masa a nuestra musculatura. Así pues, la solución no está en correr con rodilleras, la solución está en reforzar la musculatura. Aún así, una rodillera siempre nos puede venir bien para algún momento puntual y evitar así futuros males.