VIGIATRAIL 2017

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No soy Kilian Jornet. Nunca subiré el Everest. Y puede que jamás gane una carrera. Soy un tipo normal. Un tipo que lucha por la vida día tras día. En el hogar. En el trabajo. Pero un tipo que ha terminado la presente VIGIATRAIL a 29 ºC.

Hoy tocaba levantarse temprano. Tocaba desayunar, vestirse de corto y salir pitando a buscar el dorsal. De buena mañana el termómetro ya estaba muy por encima de los 20 ºC y no parecía que fuera a cambiar, sino al contrario. Llegaba pronto, a las 7: 40 y pico ya había aparcado el coche y me dirigía a la zona de meta. Bolsa del corredor, dorsal, chip y a calentar, ligero, ligero. Debía regular y no caer en errores pasados. Como me dijo el otro día Raúl Rodríguez de Run Nick Club, empezar a tope nada más comenzar puede condicionar toda la carrera y sobretodo los últimos kilómetros. Pues nada, mente fría y sin prisas. Además, otro factor importante que no cabía olvidar en el día de hoy: la hidratación. Así pues, me cargué con mi KALENJI 9/14 y siguiendo los consejos de mi buen amigo Carlos Casquet me decidí a utilizar las sales de APTONIA y la verdad es que la cosa funcionó: menos fatiga y cero calambres.

 

¡8:30, salida! Para ser sincero, la salida me impresionó bastante. No sé cómo explicarlo. Confeti, endorfinas a tope y vítores. Me sentí como si estuviera haciendo un ultratrail en algún recóndito paraje del Pirineo. ¡Os he de confesar que me gustó!

 

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Los primeros dos kilómetros empezaban anunciándonos que la carrera prometía: unos 140 metros de desnivel positivo nada más comenzar. Aún así, el terreno era de buen subir, muy pistero y estando frescos no supuso mucho problema. Siguiente kilómetro, ya sabéis: lo que sube baja. Pues a bajar. Dicho descenso no fue tampoco muy duro, setenta y pico metros de bajada y aún en terreno bastante asequible.

 

A partir de aquí, la cosa empezaba a complicarse un poco: kilómetro 4, nos adentrábamos en sendero y el calor empezaba ya a hacer mella y para rematarlo el kilómetro 5 era de ascenso directo y con un terreno nada plácido. Tocaba regularse muy bien en estos momentos, utilizar la técnica en la subida y no forzar la máquina. La ermita y el avituallamiento eran el premio a tan dura subida. Algo de agua, un par de gajos de naranja y a seguir.

A partir de estos momentos un toma y daca continuo: arriba, abajo… Momentos de subidas muy técnicas y bajadas muy divertidas. El cansancio empezaba a notarse ya en estos kilómetros. El calor era agotador. Suerte del agua y las sales. En este tramo empezaba ya a ver gente parada, resguardándose en la sombra y con cara de agobio extremo.

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Llegábamos, poco a poco, al kilómetro 10 que iba a ser un verdadero rompepiernas por la escarpada subida, aunque muy satisfactorio luego por la bajada que nos iba a conducir al tercer avituallamiento. Nuevamente agua y naranjas. Con todo, aún quedaba vislumbrar la torre del vigía, punto más alto de esta carrera (270 m) y kilómetro más duro con unos 120 metros de desnivel positivo. En estos momentos el calor apretaba muchísimo y con casi 14 kilómetros a cuestas, los ascensos costaban, ¡y mucho! Pesaba todo, el calor, los kilómetros, las subidas…  ¡por pesarme, me pesaba hasta el aliento!

 

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Una vez llegados a este punto, no había marcha atrás. El final estaba cerca y tocaba apretar y dispararse hacia la meta. Las torres de Sant Adrià anunciaban que ésta estaba cerca. Último cartucho y a topete. Grande fue mi sorpresa al comprobar que pese a todo, aún podía echar el resto y estaba marcando un ritmo de 4’20”.

Al final, 2h 22′ 56″, en una carrera dura y marcada por un calor agobiante. Salimos 500 valientes y llegamos a meta unos pocos menos. Valientes por atreverse a realizar este desafío de 16 km con 883 metros D+, héroes por haberlo logrado.

 

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Con todo, el recorrido, impresionante, con bonitas ermitas, torres e incluso un yacimiento arqueológico: un lujo correr con tanta historia al alcance de la mano. La organización de diez: voluntarios muy puestos en la carrera, animando y fotografiando al personal. Y eso se agradece. Porque todo el mundo quiere revivir el momento y llevarse la foto. Mil gracias a esta VIGIATRAIL. La verdad es que la padecí y mucho, pero también la he disfrutado a tope.

¡Os dejo un pequeño bocado de esta VIGIATRAIL ’17 para abrir boca de cara a su próxima edición!

 

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