LOS MIÉRCOLES SON DOMINGO

Que el running ha proliferado como deporte y afición es una realidad que no se puede negar. Que ello comporta la proliferación de carreras, eventos varios y grupos también es cierto. Puede parecer una obsesión, un negocio o una locura. O mucho más, según se mire. Pese a todo ello, aún hay gente (Y MUCHA) que se dedica a lo que más le gusta, correr, sin pensar en otra cosa. Ni en la fama, ni en el dinero, ni en nada más que no sea compartir esa afición y sus conocimientos con los demás.

 

Ese es el caso de Andrés Acuña, un tipo menudo, de lo más normal, pero grande de corazón y de carácter. Este chileno, con un palmarés envidiable, afincado en Barcelona, creó hace unos años junto con el campeón del mundo de los 100 km Domingo Catalán, quien por aquel entonces tenia la tienda Atletas, un grupo de corredores para realizar entrenos por la zona de Montjuic. El concepto era nuevo para los años que corrían, pero mientras la tienda estuvo abierta funcionó a las mil maravillas. Todo tiene un final y los años pasan para todos. La jubilación de Domingo y el traspaso de la tienda fue un punto y aparte para el grupo. Pero Andrés, empecinado en que este legado no podía morir, trasladó el grupo a la Pastelería Pallarés, en la calle Comte d’Urgell y siguió, y sigue, dando guerra con “Los Miércoles son Domingo”.

El pasado miércoles fui invitado y pude asistir a uno de sus entrenos que además contaba con la presencia de otro grande, Driss Lakhouaja. La hora de quedada las 19,30. El lugar, la Pastelería Pallarès.

 

Nada más llegar, vi que la calle se teñía de los típicos colores fluorescentes que suelen vestir los runners y camisetas con el nombre de Domingo Catalán. Andrés estaba por ahí, ya organizando y dirigiendo. Por ahí estaba también Driss con su grupo de entreno. Había nivel y mucho. Me iba a costar estar a la altura. Pero lo más importante es que se respiraba buen rollo y camaradería entre los que allí se congregaban. No había rangos, ni clases. Todos eran corredores que salían juntos a pasarlo bien.

 

Hechas las presentaciones nos fuimos a correr hacia Montjuic. El ritmo era vivo y aparecíamos por la ciudad como un grupo singular que captaba la mirada de los transeúntes. “Unos locos que corren”. Llegados a Montjuic tocaba un poco de estiramientos y una clase de ejercicios que sería dirigida por el maestro Driss Lakhouaja. La verdad. Todo de diez. (Aún tengo agujetas chicos). Luego la vuelta a la Pastelería.

 

Sin más, hasta aquí tendríamos un entreno cualquiera de un grupo cualquiera que sale a correr. Pero el ambiente de camaradería y buenrollismo que se respiraba decía que iba a haber algo más. Y así fue. Una vez llegados a la Pastelería Pallarès, Jordi, nuestro anfitrión, nos obsequiaba con las primeras cocas de San Juan y unas bebidas. Aquí se veía de sobras la calidad humana de esta gente. No solo importa correr, importa ser personas y pasarlo como en familia. En este grupo la gente aporta, suma y disfruta a partes iguales. Eso es lo que cuenta, pienso yo.

Tenemos un nuevo Domingo en la semana, está entre el martes y el jueves. Porque ahora “los Miércoles son Domingo”. Ya sabéis dónde, Pastelería Pallarès, y con quien.