Peña Oroel


Siguiendo el entrenamiento marcado para este verano, toca montaña y toca desnivel positivo. Así pues, hallándome en Jaca, no podía perderme la oportunidad de subir la Peña Oroel y sus 1.769 metros. El planning era sencillo, salir temprano ¡y a la carga! Lo primero de todo encontrar la calle de los lavaderos y baños de Jaca, en donde podemos ver unas preciosas ruinas de los antiguos lavaderos y en donde empieza nuestra ruta.


A partir de este momento, el camino es muy fácil. Como dicen por aquí “todo tieso”. Y así es, hay una única senda que nos conducirá, primero por asfalto, luego por pista y finalmente (aunque la mayor parte) por terreno muy muy técnico.


Entrando más en detalle, la parte de asfalto es mínima. Tal vez un kilómetro a lo sumo. Más tarde podemos contar una pequeña parte en pista con bastante piedra y en unos 3 km ya nos adentramos en sendero y tartera. Una vez hemos recorrido un total de casi 6 km, llegamos al parador y, ahora sí, correremos en el terreno más duro y técnico. Se trata de una subida de unos 5 km por dentro del bosque, un camino con troncos situados por el terreno en horizontal, a modo de escalón, piedras y raíces de los árboles. Así hasta llegar a la cima, donde tendremos poco más de 500 metros en sendero, aunque en cuesta y conseguiremos nuestro objetivo.


La distancia total es aproximadamente de unos 22 kilómetros, más o menos 11 km de subida y otros 11 km de bajada. Todo el recorrido no tiene ningún tipo de desperdicio: vistas maravillosas, terreno puramente trail, bosque encantado y un final épico coronando la cima y su cruz.


Si hablo de sensaciones, la verdad es que me noté bien, bastante a tope. Realizé los primeros kilómetros de subida en menos de 2 horas, más bien trotando y con ayuda de los bastones. Sinceramente, no sabía cuál era la envergadura de la empresa, por tanto en la subida fui a medio gas. En cuanto a la bajada, reduje casi a la mitad el tiempo empleado en la subida. En total, tardé 2h 53′ 23″ y recorrí 22,36 km a un ritmo de 7′ 45″ el mil. En ningún momento me noté forzado o al límite. También hay que decir que la temperatura era ideal, incluso en los pocos minutos que estube en la cima cogiendo aire y sacando unas fotos pasé un pelín de frío.


La bajada lo mejor. Pude recuperar tiempo y marcar ritmos veloces, cosa que siempre gusta.

En definitiva, pienso que fue éste un entreno perfecto para ir preparándome para el Marató de Collserola del próximo 29 de octubre. Aun queda tiempo y la decisión no está 100×100 tomada. Me queda hacer kilómetros, mucho desnivel e ir cumpliendo retos.


¡Salud y kilómetros!