SKYRACE ARINSAL

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Soy de aquellos que luchan por sus sueños, puesto que “(…) toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son.” Así pues, para conseguirlos lucho por ellos e intento estar a la altura día tras día. Participar en la Skyrace Arinsal, la carrera ‘cortita’ del Comapedrosa, era un sueño más que inalcanzable hace un año, cuando empezaba esta aventura de correr por la montaña. Pero hoy por hoy, es un sueño que he podido llevar a cabo.

Un sueño de 15 kilómetros más 1.415 metros de Desnivel positivo, casi nada. A priori, parecía una de las carreras más duras que había llevado a cabo y así fue (tan sólo recuerdo la de Eramprunyà con la misma sonrisa de satisfacción).

La aventura comenzaba el viernes, quería empaparme de montaña tanto como pudiera y medirme con mis competidoras tanto tiempo como fuera posible. Por ello, aterrizábamos mi amor, Jimbo (mi coche, porque soy de los frikis que le ponen nombres a las cosas) y un servidor en Arinsal para pasar ahí el fin de semana y disfrutar de las vistas.

Sin lugar a dudas, estas montañas prometían la gloria a aquellos que pretendieran coronar sus cimas y corretear por sus escarpadas crestas. Pasada la primera toma de contacto y las pertinentes compras en Andorra la Vella, me encontraba preparado para cruzar la línea de salida a las 9:05 a.m. del domingo 30 de julio. La sensación era buena, iba a correr la carrera más bonita y dura hasta el momento, y sabía que lo pasaría bien. Dos objetivos bien claros: terminarla, obviamente, y llegar al Pla de l’Estany antes de las 3 horas, límite propuesto por la organización para poder subir al Comapedrosa. No era fundamental para mi carrera, pero pensando en la próxima edición quería saber si hubiera podido entrar en los límites propuestos.

 

Pla de l’Estany

Volvamos a la carrera. ¡Salida! El primer tramo, aproximadamente un poco más de un kilómetro, transcurría en asfalto. Una primera bajada de unos cientos de metros, que se tornaba en subida en búsqueda del primer tramo boscoso de la carrera. Durante esta primera parte del recorrido, no tenía ninguna prisa. La clave se hallaba en un ritmo constante, un andar rápido, ayudado por los bastones. Buscaba llegar al primer punto de avituallamiento que se encontraba en el km 3,5. ¡Hecho! Agua, un gel y a por el segundo tramo.
Este nuevo tramo se encontraba ya en alta montaña, habíamos abandonado el cobijo del bosque para encontrarnos en la zona alta. Cuesta arriba, algún que otro árbol y hierba bajo nuestros pies. Al fondo unas rocas que nos vigilaban expectantes.

 

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Pasado este punto y llegado al segundo avituallamiento, las vistas eran envidiables. Un lujo. Y nos esperaba aun la parte más dura, de roca y piedra, una subida muy técnica, escarpada y de mal correr. Tocaba en este momento dar el callo a más no poder, la bajada no tardaría en llegar: ya sabéis, todo lo que sube vuelve a bajar. En estos momentos, íbamos a subir hasta el punto más alto de nuestra carrera, el Pic de les Fonts a 2748 metros.

Llegados a este punto, bajada hasta el Pla de l’Estany. Momento precioso, correteando todo el camino al lado de un río que nacía en una imponente cascada que nos saludaba al principio de este tramo de roca. El Pirineo en esencia pura, sin duda.

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El tercer avituallamiento se encontraba en el Pla de l’Estany, donde también se medía el tiempo de carrera para aquellos que iban a subir al Comapedrosa. Máximo 3 horas. Llegaba al punto de control, justito, justito, con 2 horas 50 minutos en mis piernas. Así pues, una de mis metas ya estaba en la saca. Ahora a dar todo lo que me quedaba para conseguir mi segundo objetivo, acabar la carrera. Este tramo se prometía fácil, aunque el cansancio acumulado en mis piernas empezaba a hacer mella. Quedaban aún casi 5 kilómetros e iban a costar lo suyo, aunque fueran en bajada: el camino era técnico y pedregoso, con una pendiente pronunciada que cargaba los cuadríceps poco a poco. El cuarto avituallamiento me lo salté, tocaba hacer un último esfuerzo para pisar la meta. Seguíamos bajando y llegábamos a zona de asfalto nuevamente: un túnel y el nuevo recorrido. Volvíamos a zona de montaña y este último kilómetro iba a matarme: subidas de nuevo, bajadas técnicas… acababan de romperme del todo por si aún no lo hubieran hecho.

Ya en el pueblo, los ánimos de la gente me resucitaron y me dieron el último empujón para cruzar la meta a mi estilo, con los brazos en alto y con ganas de más. Al final, fueron 3h 31′ 24″. El año que viene nos volveremos a ver las cara y esta vez por todo lo grande, persiguiendo coronar la cima del Comapedrosa.

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¡Salud y kilómetros!