FILIRUN – EL VENDRELL

Dejar el verano en blanco no era una opción cuando éste empezaba. Desde mi punto de vista un momento como el de las vacaciones, en mi caso, tiene ventajas para entrenar a tope y, en cierta manera, preparar la temporada de carreras. Pese al calorazo, para mí el verano es bien para acumular kilómetros y aumentar en fuerza. En este sentido, en el momento en que escribo estas línias ya llevo 200 km en las piernas y con ganas de más. Así pues, con esta idea de superación y entreno, pensé en participar en la Filirun – El vendrell el pasado sábado 19 de agosto.

La carrera prometía, seminocturna de 22 kilómetros y 850 metros de Desnivel +. Un buen momento y una buena hora para comprobar cómo iba el entrenamiento veraniego y sumar más kilómetros. Salíamos a las 19,30 horas aproximadamente, tras una explicación sobre las señalizaciones y su funcionamiento… La salida era en el mismo El Vendrell, haciendo un corto tramo de asfalto para adentrarnos a un tramo de riera bastante pedregoso. Íbamos a subir hasta el repetidor del pueblo: una buena primera subida para comenzar la carrera, subida que no fue realmente dura y que tuvo su compensación con el primer avituallamiento. Un poco de zumo de naranja y a la carga.

Un poco más de subida y una bajada técnica y rapidísima que nos llevaría al segundo avituallamiento. La verdad es que en este tramo me sentí muy bien. Corríamos por corriol y el ritmo era alto, oscilando los 4′ 30″ durante estos casi 2 kilómetros de bajada. ¡Una gozada! El avituallamiento fue rápido, más zumo y ahora sandía. En estos momentos, tocaba subir al Rourell. La subida ya era agua de otro cantar, pese a que mantuve muy bien el tipo. Cresteamos un pequeño tramo y otra vez a bajar. Esta parte era especialmente técnica y tuve un primer susto bajando en derrape un poco más de la cuenta. La zona era dura sin ninguna duda. Aquí perdí un poco de fuelle al no querer arriesgar de nuevo y bajar el resto de tramo en ‘derrape libre’ a lo Coyote del Correcaminos.

Llegados a este punto, la tercera gran subida de la carrera. Punto fuerte en estos momentos que alcanzábamos el meridiano del circuito. De nuevo tras la dura subida, la meritoria bajada para tomar velocidad y recuperar un poco de fuelle. Tercer avituallamiento. Aquí ya tocaba empezar a tirar de luz, ya que el sol comenzaba a ocultarse. Subida a semiluz ascendiendo nuevamente la Serra Pedregosa. Fue a partir de este punto cuando la cosa empezó a torcerse un poco. Comenzaba a estar fatigado y, nuevamente, volvía a hacer uno de los tramos más duros (como me sucedió en la pasada carrera en las montañas de Prades) solo. Mentalmente es duro y tienes que tirar de tus propios arrestos para continuar adelante. Aún así, uno de los problemas que me acuciaba en esos instantes era si estaba siguiendo realmente el circuito marcado en la carrera. La señalización comenzaba a ser escasa y poco visible…

Tras la bajada por el barranco del Lleó, se encontraba el que iba a ser el último avituallamiento. Agua en abundancia y sandía para acompañar la última subida hasta el repetidor de la población, aunque en esta ocasión por su cara opuesta. Una vez arriba una grata sorpresa: había un último avituallamiento líquido que se agradeció como agua de mayo. “Ahora es todo bajada y te quedan dos kilómetros escasos” me dijo el voluntario que me había ofrecido un zumo de naranja. ¡Pues a tope! Y así lo hice. Comencé a bajar con todo lo que me quedaba, ya que hasta ese momento estaba haciendo una buena carrera y un buen tiempo. Aunque de poco sirvió darlo todo, pues a los pocos metros de bajar como un torvellino no sabía dónde estaba. Las ya escasas señalizaciones habían desaparecido. Experimenté caos, frustración, avatimiento. Volví a subir por si encontraba alguna señal, volví a bajar y nada. Al final en un último esfuerzo decidí jugarmela por el camino que se me presentaba delante e intentar alcanzar El Vendrell por mi cuenta hasta la meta. Sinceramente, un drama. Ya casi sin fuerzas y lo peor, sin ganas: había perdido más de quinze minutos durante la confusión y ahora estaba yendo sin saber bien bien hacia dónde.

Llegaba al final, con cara de pocos amigos, a la meta, con un tiempo de 3 h 08′ 42″, muy alejado de las 2h 35′ que marcaba en el km 20. En fin. Un final de carrera en donde encontrabas a otros corredores desorientados y, lo que es peor, con pocas ganas de seguir corriendo…

En resumen, un buen circuito, exigente, donde me sentí bien y fuerte, aunque con una nota que oscureció la carrera: la falta de señalización en los últimos kilómetros.