Cursa de la Mercè 2017

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La Cursa de la Mercè es para el corredor ‘barcelonauta’ como la vuelta al cole. Pasado el verano, te reencuentras con los ‘compis’ y cuentas tus batallitas: que si he hecho un entreno por aquí, que si yo los hacía por allá, que si mira que tirada larga me hice, que si que fotos más chulas… Me gusta, es un buen momento para disfrutar de este deporte que hemos hecho tan nuestro, dejando atrás marcas y otras historias. Lo importante, y siempre lo digo, es el factor humano que hay detrás de los entrenamientos y de las horas corriendo. Sin eso, esto del correr es un algo vacío y sin sentido.

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Así pues, con esta filosofía comenzaba el pasado domingo esta nueva temporada. Con esta filosofía, pero con la intención también de irme superando a mí mismo a cada momento.

La carrera del pasado domingo es un claro reflejo del entrenamiento de este verano. En alguna que otra ocasión, ya he manifestado que para mí el verano es un buen momento para poner la maquinaria a punto. Las vacaciones estivales me son perfectas para planificar entrenamientos y para proponerme retos. Así pues, durante estos meses en los que tengo mayor disponibilidad para correr, he sumado más de 400 kilómetros entre carreras y entrenos. ¿Objetivos? La codiciada distancia, 42.195 metros, tanto en asfalto como en montaña y los 10 km en menos de 45′. En cuanto a esto último faltó poco en esta primera carrera de la temporada, 46′ 03″ a un ritmo de 4′ 33” el mil.

 

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Si me centro en los pormenores de la Cursa de la Mercè, salía pasadas las 9:00 a.m. desde el cajón azul. Las imponentes torres venecianas de plaza España, se erigían, una vez más, en mudos testimonios de mis hazañas como corredor. ¡Qué recuerdos me trae Montjuic de la pasada y primera Maratón! Con este cúmulo de sensaciones en el cuerpo, comencé la carrera al mejor ritmo que pude. Ya sabéis que en estas carreras populares, cuesta coger el ritmo en prácticamente todo el primer kilómetro, puesto que somos muchos. Aún así, la bajada de Paral·lel me fue propicia para sortear aquellos que iban a menor velocidad que la que yo quería imponerme y hacerme espacio para poder correr con total comodidad. El primer kilómetro fue rápido, 4’29”, pero el segundo apretando con el cambio de ritmo en la calle Calàbria aún más, 3’56”. La cosa iba en serio, no tenía ninguna duda. Ahora, el único problema aguantar ese ritmo hasta el final. Los dos siguientes kilómetros por Gran Via fueron fáciles, muy llanos, muy veloces. Iba a muy buen ritmo y pasaría los primeros 5 km con un tiempo de 22′ 36”. Me encontraba a tan solo 6” de conseguir mi propósito…

 

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El avituallamiento se producía en la zona de Passeig de Sant Joan, pasado el kilómetro 5. ¡Sopresa! ¿Vasos? Parece ser que es la nueva moda en las carreras barceloninas. ¡Con lo práctico que es el botellín de agua! Me resultó incómodo beber del vaso, perdí ritmo y, por otro lado, no pude hidratarme en condiciones.  A partir de este momento, empecé a rebasar los 4′ 30”: adolecía el esfuerzo del primer tramo y la ‘cortada de ritmo’ del avituallamiento. No obstante, iba apretando y manteniéndome. Con todo, la temida subida del Paral·lel, donde ya topé en la Maratón, volvía a darme la espalda en esta ocasión y me hacía perder un tiempo que no me permitiría alcanzar mi objetivo. Como ya he dicho, un resultado final de 46′ 03”, del que estoy muy contento. Aún así, un poco de amargo sabor de boca por haber rozado con la punta de los dedos los sub 45′. ¡Voy a por ellos!