Seguir el ritmo después de correr un Maratón


Correr un maratón no son solo 42.195 metros, hay mucho más antes y después. El antes ya lo sabemos, muchas horas dedicadas a entrenar el cuerpo y la mente para poder aguantar esa distancia, muchos kilómetros en nuestras piernas, muchas ausencias frente a los seres que amamos y que nos aman. Todo para acabar cruzando una meta. Todo para saborear unos segundos que saben más que a gloria. Todo para acabar queriendo más. Y aquí empieza el después, en querer volver a calzarse las zapatillas para correr otro maratón y hacerlo mejor si cabe. Los runners somos así. No tenemos remedio. Pero ante todo, aunque la euforia nos embargue, debemos tener la cabeza fría y saber que tras el extremo esfuerzo del maratón, cabe guardar una obligada recuperación si no queremos que las lesiones nos agüen la fiesta.


Como ya he dicho muchas veces, no soy nadie el mundo del running, ni entreno, ni me entrenan, “ni ná de ná”. Soy un simple tío que corre, igual que tú, pero que cuenta sus experiencias, por si alguien quiere leerlas.


En mi caso, tras una carrera en donde he realizado un gran esfuerzo, intento descansar el día de la carrera, una vez finalizada  ésta y hechos los estiramientos oportunos, tanto como puedo, me aplico gel frío para la recuperación muscular tras la ducha y masajeo mis piernas por la tarde. Por la noche, nuevamente crema (esto, paramí es un ritual diario), aunque esta vez especial para piernas cansadas. Al día siguiente, tocan 5 kilómetros muy, pero que muy suaves. No importa el tiempo e incluso si no se acaba la distancia tampoco: lo importante es rodar, ver cómo responden las piernas y eliminar las malditas agujetas. No soy partidario del descanso total. Pienso que durante esta semana de recuperación se debe de ir alternando: correr distancias muy cortas a un ritmo muy suave con algo de piscina o bicicleta estática y alguna sesión de estiramientos. Así, tras estos 5 km posteriores a la competición dejaría un día de descanso en medio de una sesión de piscina no muy larga. Al siguiente día, otros 5 kilómetros a ritmo suave, aunque un pelín más exigente que los anteriores 5 km. Después una buena sesión de estiramientos. Luego, otro día de descanso, al siguiente día una sesión suave de gym y ya cumplida la semana 10 kilómetros un poco más lentos del ritmo que habíamos conseguido el día de la competición.

Para mí, lo hasta aquí expuesto me resulta ideal. Recupero, y aunque a un ritmo muy bajo, mantengo la forma y el nivel de exigencia. Una vez pasada esta primera semana, me vuelco poco a poco en mi siguiente objetivo.

¡Salud y kilómetros!