MITJA MARATÓ de BANYOLES

Muchos dirán que el fin de semana previo a un maratón, se debe descansar y no competir. Y menos realizar una competición como una media maratón. Y seguro que tienen más razón que un santo. Aún así, me quedaban algunas cosas por probar antes de la Zurich Marató de Barcelona. En primer lugar, mi capacidad para ir a un ritmo inferior a los 5 minutos por kilómetro. En segundo, qué podía proporcionarme la ingesta de Vitargo antes de la carrera. Y en tercero y último, la combinación de los geles con el Vitargo, el ritmo de hidratación, esfuerzo… ¡Vamos con el experimento!

La carrera comenzaba a las 9:30 de la mañana, por tanto tocaba este domingo el consabido madrugón. Aún así, esta vez estaba todo planeado con nocturnidad y alevosía. Había decidido con mi mujer aprovechar la carrera para pasar el fin de semana por la zona, visitar Cadaquès, dormir en Girona y corretear por Banyoles. Así pues, el madrugón no fue tan duro. Con todo, a las 7:00 a. m. tocaban diana. Como me había aconsejado mi buen amigo Carlos Casquet, nada más levantarme y en ayunas, tomé un preparado de Vitargo. Éste es un preparado en polvo que aporta carbohidratos de forma rápida y en grandes cantidades, vamos, una manera de ir con los depósitos de glucógeno a tope para poder afrontar una larga distancia con garantías de sobras. Tras el brevaje, el desayuno de siempre, pan con crema de cacao, fruta y antes de la carrera, ya casi en la meta, un último preparado a base de fruta triturada. Ritual completo realizado. ¡Ahora a por todas!

Esta vez la ocasión lo requería. Comenzaba la carrera en primera línea, justo al lado de la que sería la campeona femenina, con ganas de marcar buenos tiempos. Apretando, pero sin ir a tope. Comencé fuerte, para ir regulando en los siguientes kilómetros. En el primer parcial de 5K, marqué 4′ 44” de media, por tanto nada mal, la verdad: 23′ 40″ para realizar 5 kilómetros. El segundo punto de control, iba a ir un poco más lento, pero aún así, 4′ 54” el 1.000, por tanto un parcial de 49′ en 10K. Nuevamente, bien. A partir de este momento, la carrera daba un vuelco bastante importante. Entraba en juego el desnivel positivo. Hasta ahora la media maratón había sido bastante llana, con alguna subida, aunque nada importante. En este momento, bajábamos la arteria principal de la ciudad hasta prácticamente las afueras, para volver a subir paulatinamente en los próximos 5 kilómetros. Este parcial fue el más lento, obviamente, con 5′ 25” en cada kilómetro. El crono se resentía, aunque era una buena experiencia para probar al 100 x 100 la eficacia del Vitargo y experimentar las sensaciones en subida. Recordemos que el maratón de Barcelona tiene algún que otro tramo de subida que supone realentizar ritmo y encontrar tu lugar para no pinchar. Banyoles me ha ayudado a ello, a golpes, pero eso siempre es bueno. Y es bueno, porque reservar sirve para poder volver a recuperar el ritmo: 5′ 17” ya en el último tramo hasta la meta. ¡Y con un esprint final de unos 200 metros incluido!

¿Las sensaciones? Son buenas. Contento con la marca, aún sin ser mi MMP, por el desnivel acumulado y por los kilómetros que llevo ya en las patas a estas alturas. He mejorado en velocidad, constancia y resistencia. La planificación de las carreras cada vez es mejor, aunque sigo pecando un poco de optimista apretando demasiado al principio. En esta ocasión, la combinación de Vitargo y geles ha sido perfecta: no he notado en ningún momento la sensación de falta de energía, aunque sí que se nota la pesadez en las piernas a lo largo de los kilómetros. Eso no te lo quita nadie. Así pues, esta media maratón de Banyoles me ha servido para enfrentarme a mí mismo y planificar la Zurich Marató de Barcelona de forma realista, con garantías de mejora frente a mi última competición en la categoría reina, allá por el mes de noviembre, pero sin demasiadas pretensiones. ¿Mi sueño? Un sub 3h 45′. ¿Soñar? Es gratis, ¿no?

Ahora toca descansar y recuperar fuerzas para el próximo domingo poder dar el resto. ¡Salud y kilómetros!