Skyrace Comapedrosa 2018

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Ya lo dije hace tiempo en una de las entradas del presente blogg: “no soy Kilian Jornet”. Y demostrado ha quedado en esta carrera que estoy muy lejos del campeón y récord de la Skyrace Comapedrosa de este 2018. Él abría la línea de meta con 2h 33′ 18″ y yo la cerraba con 5h 59′ 44″ con un último minuto frenético, dándolo todo para poder entrar en el corte de las 6 horas con el que se finalizaba la competición.

Puede parecer ridículo comenzar un post así, reconociendo haber llegado 16″ antes del toque de queda. Pero para mí no demuestra otra cosa que las casi seis horas de lucha contra la montaña. En ningún momento había lugar a la derrota.

Como siempre, la mañana comenzaba temprano. Un buen desayuno y los nervios reglamentarios frente a una competición de esta envergadura. Ya el día antes había visto caras conocidas, pero ya cerca de la zona de salida, mientras calentaba, tocaba saludar a éste y a aquél, deseando mucha suerte.

mapa comapedrosa

8:30 a.m. puntuales a tope, comenzaba la carrera. Por delante, 21km y 2300 m de D+, casi nada. El primer tramo ya lo conocía del año anterior. Tocaban casi 8km de subida, durante los que el paisaje de Andorra me volvería a embrujar de nuevo. Segundo avituallamiento y un par de kilómetros de bajada. En carreras como ésta siempre pienso lo mismo: ¿qué es peor las subidas interminables o las bajadas de infarto? En fin… Llegaba al refugio de Pla de l’Estany con 2h 34′ en mis piernas. (Note el lector que cuando yo llegaba al meridiano de mi carrera Kilian ya había cruzado la meta).

Si comparo este primer tramo con la carrera del año pasado, podía estar contento. Había rebajado 16′ frente a la anterior edición. Bueno. Tocaba mente fría, refrigerarse un poco y afrontar el Comapedrosa. Creo que me será difícil describir lo siguiente. Aunque suene a tópico, hay que vivirlo. Hay que sentir la impotencia frente a la montaña, ver cómo se erige majestuosa frente a ti y sentirte minúsculo. ¡Pequeño, pero matón! Con los arrestos suficientes para coronar su testa costara lo que costara. ¡Y así fue! El camino fue vertiginoso: hierba, agua, roca, nieve… pero besé la cima.

Ya lo había logrado. Ahora tocaba bajar hasta Arinsal y cruzar la puerta de los héroes. Mis piernas y yo mismo estábamos casi derrotados. Pero aún así debía sacar fuerzas de la nada para llegar. Y así lo hice. Paso a paso, maravillándome ante tanta belleza y jurándome a mi mismo que “una y no más, santo Tomás”.

Último avituallamiento y ya podía ver Arinsal. Pisaba el pueblo oyendo la vociferante voz del spichman quien me alentaba anunciándome que estaba transcurriendo el último minuto para llegar a cierre. ¡Corre! ¡Venga! ¡Puedes lograrlo! Mis piernas volaron, corriendo como no las creía capaz después de tanto esfuerzo. Cruzaba la meta sintiendo que el llanto quería salir de mi pecho, que tanto tiempo, tanto sufrimiento bien merecían unas lágrimas.

¿El año que viene más? Como dice el refrán, “sarna con gusto, no pica”.