Barcelona Midnight Trail 2018

Septiembre de 2018. La televisión está plagada de anuncios de coleccionables y de alusiones a la vuelta al cole. Ya ha pasado el verano y toca volver a competir. Porque, no nos engañemos, la finalidad de correr es competir y medirte con una u otra distancia y comprobar si estás haciendo bien las cosas. Tras los entrenamientos de montaña del mes de julio centrados en la Skyrace Comapedrosa, tocaba cambiar la filosofía. El próximo reto se presenta el 14 de octubre en la Rock and Roll Maratón de Lisboa. Así pues, abandanomas la montaña, aunque no del todo, y nos centramos en el asfalto y en una nueva manera de realizar los entrenos: “Dejar el tiempo atrás y centrarse en las pulsaciones”. Con esta premisa, y gracias a mi buen amigo Carlos Gámez, afronto el reto de volver a intentar un sub 3h 45′ en los 42.195m. Mi mejor marca, 3h 52′ 28″ en la Maratón de San Sebastián del pasado 2017. ¿Podremos superarlo?


He pasado un mes de agosto a tope, con 313 kilómetros acumulados en mis piernas: tiradas largas, series, más tiradas, más series… con el asfixiante calor y todo ello a bajas pulsaciones para mejorar mi ritmo aeróbico. Mis sensaciones han estado dispares. Desde, “esto no sirve, voy a ritmos superlentos…”, a “bueno, parece que voy cogiendo forma…”, o “no sé, si mejoro o empeoro…”. Supongo que debe de ser normal que aparezcan las dudas cuando cambias completamente tu manera de entrenar y de ver el mundo del running. Con todo, para quitarme el ‘gusanillo de la duda’ pensé que correr esta Barcelona Midnight Trail sería una muy buena manera de probarme a mí mismo.


Sé perfectamente que muchos pensaréis lo que ya me habéis manifestado en alguna que otra ocasión: ¿qué tiene que ver un trail con una maratón? Nada, lo sé. Aún así, quería correr una carrera conocida (participé en la edición de 2016) y ver cómo me sentía en un recorrido bastante llano, fácil de correr y con la motivación de mejorar mi último tiempo. La verdad es que el viernes estaba muy motivado.
El pistoletazo de salida fue a las 21:48h, puesto que pertenecía al segundo pelotón. Ya desde el primer momento salí a cuchillo, vigilando las pulsaciones e intentando no sobrepasar las 170ppm. Tarea difícil, en algún tramo de subida. Era importante coger buena posición desde el primer momento para no encontrar tapón en la zona de sendero de montaña, antes de llegar a la parte más ancha de pista forestal, el Passeig de les Aigües. Como ya he dicho, ésta es una carrera fácil, asequible, con mucha pista forestal y con tan solo un pequeño tramo más exigente. Así pues, los primeros 7 kilómetros eran casi de bajada o en llano, buen momento para marcar ritmos rápidos, aunque con cabeza, ya que a partir de este km 7, aproximadamente, comenzaba un tramo de asfalto con escaleras bastante duro que nos conducía a la Torre de Collserola. Por si no hubiéramos tenido suficiente, volvíamos a la montaña y tocaba llegar de nuevo al templo del Tibidabo. Como ya he dicho en muchas ocasiones: “todo lo que sube, baja” y viceversa. Los siguientes 7 kilómetros y algo iban a tener un poco de todo: subida, llano, bajada. Un tramo que nos iba a conducir hasta el templo y la última parte de la carrera: subir hasta el mirador y volver a bajar.


Si he de hacer una valoración, me vi fuerte, sin sufrir en los últimos kilómetros y sin padecer la subida al templo. Con esto no quiero decir que hubiera corrido 15 kilómetros más, pero no crucé la meta con las fuerzas agotadas como en otras ocasiones. Mi FCMedia fue de 170ppm, así que más o menos conseguí mi propósito de no ir a tope. Además, mejoré mi tiempo en 3′ 32″ en comparación con la edición de 2016, marcando un total de 1h 22′ 40″ a un ritmo de 5′ 30″. Nada mal, teniendo en cuenta la distancia: 15km con sus casi 800 mD+.