La Cartuja – Espacio Alfranca 2019

EA

Los hados volvían a alinearse y por segunda vez coincidía un viaje a Zaragoza con la celebración de la carrera de La Cartuja – Espacio Alfranca, que ya había corrido el pasado año. Una carrera bonita, con un recorrido llano, casi 100×100 camino de tierra, cañada y con el Ebro como juez imparcial. ¡Además, una organización de diez! ¿Qué más se puede pedir?

El fin de semana no comenzaba demasiado bien. Desde el miércoles me sentía agotado y el viernes comenzaron a manifestarse unos incipientes síntomas de resfriado. El sábado ya era seguro: ¡estaba constipado! Menuda faena. Con todo, como suelen decir, la mejor defensa es un buen ataque. Así pues, comencé con el tratamiento de shock a base de Frenadol. El día transcurrió sin demasiados incidentes y la noche se presentaba como un buen momento para descansar e intentar recuperar fuerzas.

A las 7:00 a.m. me despertaba una fuerte lluvia. Por si cabía, a parte de ir a una carrera resfriado, tendría que bregar con las inclemencias del tiempo. ¡Perfecto! La idea de quedarme en la cama comenzaba a tomar forma. Esperemos. Aún queda un poco más de una hora para levantarse, ya que la carrera se celebraba a las 10:00  de la mañana.

A las 8:15 me asomaba por la ventana y parecía que la lluvia ya había remitido. Era consciente que volvería a arremeter, pero no es lo mismo ir a una carrera lloviendo a que la lluvia te atrape corriendo. No sé. Pienso que da menos palo lo segundo. Así pues, a las 9:00 salía hacia La Cartuja.

A las 9:30h ya estaba trotando un poco y estirando. No hacía demasiado frío, pero tampoco apetecía quedarse quieto. A las 10:00h comenzaba la carrera y la lluvia.

Mi idea era hacer ritmo maratón, incluso un poquito más fuerte. Las pulsaciones que me había marcado debían oscilar sobre las 170ppm y el ritmo era en todo momento por debajo de los 5′. Sin muchas pretensiones, esperaba mejorar mi marca en 21K. Íbamos a ver cómo se desarrollaba la carrera, puesto que ya desde el principio se veía que no iba a ser fácil: la lluvia complicaba un poco el tema, pero sobretodo el terreno enfangado iba a realentizar el ritmo.

¡Valor y al toro! Comencé con ganas, constante y fuerte. Los primeros kilómetros fueron cayendo sin ningún problema: lluvia y terreno eran sobrellevables. Iba bastante bien, a muy buen ritmo y con las pulsaciones bastante controladas. Km 7, medio plátano para recuperar fuerzas. Lacsa seguía bien. Además el entorno era precioso y, sin lugar a dudas, la lluvia le daba un toque más encantador. Km 12 un gel de Nutriesport sabor fresa con taurina. Energía para seguir a tope. Quedaba justo la mitad del recorrido, volvíamos ya hacia la Cartuja de nuevo. Tocaba seguir con el ritmo y no flaquear. Km 17, la otra mitad de mi plátano y gas! Los últimos kilómetros se hicieron un poco duros, la lluvia pegaba fuerte y el terreno estaba bastante encharcado. Aún así, quedaba el esfuerzo final.

Cruzaba meta con un tiempo de 1h 41′ 22″, mejorando en más de 3’30” mi mejor tiempo en 21k y en más de 5′ mi anterior edición de la carrera.