VALLÈS DRAC RACE

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Ser constante es difícil. Muy difícil. Hay que tener las ideas muy claras y, si cabe, aún más claros los objetivos. Mejorar, imponerte a ti mismo, triunfar personalmente. Es cierto que todos buscamos eso, pero en el fondo queremos más. Acariciamos la idea de poder ganar alguna vez, no nos engañemos.

Este pasado domingo 17 de febrero, participé en la Vallès Drac Race. Hacía que no me colgaba un dorsal desde Valencia, desde el mes de diciembre. Pienso que últimamente me he vuelto más selectivo: ya no compito por competir, busco resultados. Por eso, dedico tiempo a los entrenos, a las series (como muchas veces me habíais aconsejado muchos de vosotros), a las tiradas largas, a planificar bien la carrera… Esa idea es la que me acompaña. Tengo objetivos claros y voy a por ellos.

Esta vez, la escogida fue la Valles Drac Race, por la distancia 24K, el desnivel 1100m D+ y por el recorrido, que transcurría desde el pueblo medieval de Mura hasta la ciudad de Terrassa, recorriendo el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac. El reto era conseguir cruzar la meta en menos de tres horas.

La carrera comenzaba para mí a las 6:00 a.m. Desayuno y carretera hasta Terrassa, donde tocaba buscar aparcamiento y esperar los autobuses que nos llevaría a Mura. La carrera comenzaba a las 10:00 a.m. Había tiempo de sobra para volver a desayunar una deliciosa coca con chocolate y calentar para vencer el frío de la mañana. Súper puntuales, salíamos para aventurarnos en esta Drac Race.

El recorrido parecía justo eso: la espalda de un dragón, con sus sube y baja, y un descenso final, de vértigo hasta la ciudad. Salí a medio pelotón (para la próxima saldré de los primeros para evitar tapones) y por ello perdí un par de minutos en los dos primeros km debido al hielo que había en la zona de la riera y que obligaba a pasar con sumo cuidado. Esto apelotonaba a los corredores.

Hasta casi la mitad de la carrera me sentí pletórico, controlando las pulsaciones, no dejando que éstas se fueran por las nubes en las subidas y así regulando las fuerzas para conseguir mi objetivo. Paré en los dos primeros avituallamientos para coger algo de fruta y con la idea puesta en saltarme los otros dos, ya que llevaba mi propia agua y un gel para enfrentarme a los últimos 4 kilómetros. Como he dicho, me sentía cómodo y fui avanzando posiciones sin mucha dificultad regulando en las subidas y apurando al máximo en las bajadas. Pienso que de cara a próximas competiciones debo mejorar la técnica en las bajadas, ya que me ayudará a mejorar mis tiempos.

Estaba concentrado en la carrera, intentando perder el mínimo de tiempo e intentando también no sobrepasarme en el esfuerzo, ya que había que darlo todo en los últimos 4 kilómetros. Como había planificado, me saltaba el último avituallamiento y me tomaba mi gel Enervit para comerme el crono. La primera sensación fue más que buena, pero a medida que llegaba al kilómetro 22, noté una sensación de flojera, de cansancio que me golpeó. ¿Podría ser el efecto rebote del gel? Me costó recuperarme unos metros y tuve que tirar de coraje y fuerza para no bajar, en la medida de lo posible, el ritmo. Kilómetro 23, ya veía el arco rojo de la meta. Un camino en zig-zag, una pequeña bajada, una subidita y ya estamos. Pam primera rampa en el bíceps femoral derecho. Pum segunda rampa en el bíceps femoral izquierdo. ¡Me quedaban 500 metros y por mi cabeza ni pasaba la posibilidad de parar! ¡Al contrario! Casi corriendo a horcajadas, aceleré el ritmo.

Al final, 2h 52’ 46”. Reto conseguido.