SKY PIRINEU 2019

Soy de los que piensa que cuando lleguemos a viejos, más vale tener memorias que sueños que cumplir. Con esta premisa, intento cumplir aquellos sueños que se me presentan, para que se conviertan en realidades. La ‘Sky Pirineu 2019’ es uno de estos sueños hecho realidad.

En un primer instante, los 36 kilómetros con 2600 metros de Desnivel positivo asustaban hasta al más pintado. Aún así, tras la mejora en la Skyrun Comapedrosa de este año, el Parque del Cadí-Moxeiró se presentaba como un reto posible. La verdad es que no había presión: con terminar la carrera, me daba más que satisfecho en esta ocasión.

La aventura comenzaba el viernes. Recoger el dorsal, descansar y el sábado a las 9:00 a darlo todo en la Sky Pirineu. Por la zona y hospedados en el mismo lugar que nosotros, teníamos a nuestros amigos Carlos y Sandra; esta última corría la Nit Pirineu y el primero la Sky conmigo. Antes de ir a descansar el viernes, hicimos quedada para planificar la hora del desayuno y la bajada a Bagà.

5:30 a.m., suena diana. 6:15 a.m., desayuno. A las 8:00 a.m. estamos en Bagà. Ya queda nada. Vamos calentando, pasando el control, buscando posiciones. 9:00 a.m. pistoletazo de salida. Go! Go! Go! Quedan 36 kilómetros para la gloria.

Los primeros 14 kilómetros se esperaban duros no, lo siguiente. La subida hasta el Niu d’Àliga prometía. Y así fue. Los primeros dos o tres kilómetros fueron un poco caos: la gente corría como pollos sin cabeza, buscando posición, intentando adelantar, subiendo por aquí, por allá para ganar unos metros. Gracias a Dios, la cosa se fue normalizando a medida que íbamos ascendiendo y tocábamos zona más pistera, ancha y de mejor correr. Hasta el primer avituallamiento todo bien, tenía fuerzas e iba con ganas. Todo comenzó en la ascensión al Niu d’Àliga, que me resultó bastante dura. Había planificado la carrera sin bastones, por los consejos que me habían ido dando: “te van a molestar más que otra cosa”, “sube andando, cuando puedas correr, ya correrás”… Nota mental: para la próxima sube con bastones, lo vas a agradecer. Aunque el problema fue, que cuando llegué al Niu d’Àliga había gastado una gran cantidad de energía en el empeño. Además, en mi osadía tan solo cogí una pieza de fruta en el avituallamiento provisto en el refugio para afrontar los más de 11 kilómetros que me quedaban hasta el siguiente. Me prometía una bajada plácida y fue un Via Crucis: me había quedado sin fuerzas y el terreno era más técnico de lo que me pensaba. Con lo que estos kilómetros en bajada que me esperaba rápidos, me costaron más de dos horas y media.

En esta ocasión y en el avituallamiento del kilómetro 30, aprendida la lección, me hidraté bien y tomé azúcares a tope para poder continuar. Con todo, el mal ya estaba hecho y pese a la recarga, ya iba flojo de fuerzas en general. Corría hasta donde podía, andaba un tramo, volvía a correr e intentaba, sobretodo, no dejar de pensar en la meta y en los que allí me esperaban.

Si digo que no sufrí, mentiré. Si digo que no pensé mil veces en abandonar, mentiría de nuevo. Aunque, si digo que pese a las 7 horas 24 minutos que utilicé para recorrer esos 36 kilómetros no estoy orgulloso de mi hazaña, sería ésta la más grande de las mentiras.

Una medalla más a la saca. Tal vez la más sufrida, por ahora. 🙂