37 Mitja Marató de Sitges

¿Cuándo sabes dónde está el límite? ¿Cuándo sigue habiendo margen de mejora? La verdad es que éstas son las preguntas que siempre están ahí. Pienso que somos impacientes, inconformistas. Lo queremos todo y cuanto antes. Y hay mundos, como éste del correr, que no funcionan así. Se basan en la perseverancia y el tiempo; y en saber dónde estás y hasta dónde puedes llegar.

Con esta mentalidad, ya juzgaréis si pesimista, optimista o realista, me enfrenté el pasado domingo a los 21.097m de la 37 Media Marató de Sitges. Hacía un par de años que la había corrido y me pareció un buen último test final de cara al primer reto del año: la Maratón de Tarragona. Esta media maratón es buena, por su recorrido, relativamente exigente, y por ser la primera puesta a punto tras el período vacacional navideño. Este último mes, tras la Behobia, la Marató de Collserola y la Sky Pirineu, decidí bajar la carga de los entrenos y dedicarme a la calidad: menos kilómetros y más series. Ciertamente, es una apuesta arriesgada de cara a un maratón, pero quien no arriesga no gana. Veremos pasado el toro el 2 de febrero si la planificación era la correcta o faltaban kilómetros.

Pero vayamos a la carrera que es lo que nos interesa. Otro punto a favor a parte de su pronta edición, es la hora de inicio: las 10:00 a.m. cosa que se agradece, ya que evitas el madrugón y el frío invernal. Mi idea de carrera no era para nada conservadora: correr con todo, sin llegar al límite, para ver hasta dónde podíamos llegar. Así pues, desde un buen principio le dimos cera a esta 37 Mitja Marató de Sitges. El recorrido es a doble circuito, con lo que en la segunda vuelta ya eres consciente de los tramos más difíciles, de dónde puedes apretar y dónde hay que guardar fuerzas. El primer tramo por el paseo marítimo es precioso, con el mar a tu izquierda y el sol calentándote el rostro. Aunque hasta aquí, ya que tras estos casi 2 km entramos en la parte interior de Sitges y, la verdad, el circuito pierde su màgia: calles, casas, rotondas… Volvemos a un punto álgido en el momento en el que nos adentramos en el casco antiguo y retomamos el paseo marítimo en donde se encuentra la meta.

Como es normal, el no haber guardado nada desde el inicio, comporta que las fuerzas vayan menguando a medida que van pasando los kilómetros. La primera vuelta fue más rápida y en los últimos kilómetros de la segunda, perdí un poco de pistonada. Por un lado, pienso que es lógico, ya que no me había planteado un ritmo de carrera para esta media maratón y la idea era ver hasta dónde aguantaba el cuerpo. Por otro, toca estos días (quizá voy tarde) trabajar el RC de 5′ 15″ que quiero seguir para el maratón y lograr el #su3h45minutos. Nada es imposible en esta vida.

Aún así, el ritmo global para ser la primera carrera del 2020 no me parece malo: 4′ 50”. Además, hay una mejora de 1′ 19″ con mi última edición de esta carrera. Por tanto, ¿test aprovado? Ahora, quedan tres semanas escasas hasta Tarragona, tres semanas en que hay que planificar al milímetro y pensar que ¡nada me va a parar!