Mitja Marató de Cambrils

 

Como suelen decir, “a caballo regalado, no le mires el diente”. La Media Maratón de Cambrils no entraba en mi planificación (aunque, la verdad, creo que ya he perdido el norte con esto de planificar la temporada… Aunque eso es agua de otro costal). Debido a los temporales producidos por #gloria, el Maratón de Tarragona no pudo entregar a tiempo la bolsa del corredor. Ello comportó que nos propusieran la opción de recoger dicha bolsa en Cambrils, regalándonos el dorsal para la carrera. Ahora se entiende, un poco mejor lo hasta ahora dicho.

Con la idea de no ir a por marca, hacía dos semanas había corrido la Media Maratón de Barcelona dándolo todo, me propuse hacer un entreno que sumara la calidad y la cantidad.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, me fui de fin de semana a Salou. Así pues, mi plan consistía en calentar desde Salou hasta la meta de Cambrils, hacer la carrera y luego volver hasta Salou a un ritmo relajado. La primera parte fue de fábula: 6 kilómetros a un ritmo medio de 5’ 58”. El ambiente era fresco, aunque poco iba a durar. Tras unos estiramientos, saludar por aquí y por allá, tocaba centrarse para la carrera. Puesto que no buscaba marca, la idea era correr a un ritmo un pelín más alto que el de maratón. Por tanto, alrededor de los 5’ era el objetivo. La primera vuelta fue relativamente cómoda. Aun así, la temperatura era ya demasiado elevada. La duda que me suscita todo ello es, ¿por qué empiezan tan tarde las carreras en Tarragona? ¿La lógica no indica que si todo comienza a partir de las 10:00 a.m. alcanzaremos temperaturas incómodas para la práctica del deporte?

Como decía más arriba, la primera vuelta fue genial: 10 K en 50’ 43”. Estábamos en lo pensado, pero fue encarar la bajada hacia la segunda vuelta y un salvaje flato me atacó por la espalda. No me lo esperaba. Ahí perdí casi un kilómetro tratando de recuperar-me, bajando el ritmo, concentrándome en la respiración… La cosa empeoró, si cabe, al llegar al paseo marítimo, donde caía un sol de justicia y el viento nos zarandeaba. Pero tocaba aguantar, con la liebre del 1h 50’ pisándome los talones. La temperatura en el kilómetro 17 era de 30ºC. A partir del kilómetro 18 me vi superado por la grupeta que me iba detrás y los dos últimos se hicieron interminables.

En conclusión, ni tan bien, ni tan mal. Contento por el pedazo de entreno de 32 kilómetros. Contento por los primeros quince kilómetros en donde pude ir al ritmo deseado. Y ‘preocupado’ por los últimos cinco kilómetros, en donde el agobiante calor y el viento hicieron que acabara pidiendo la hora. Debo reflexionar de cara a la Maratón de Zaragoza, donde el viento y el calor pueden volver a ser más protagonistas de la propia carrera que los propios corredores.